La Vitamina B3, en sus formas de niacina (ácido nicotínico) y nicotinamida, es un micronutriente hidrosoluble que desafía cualquier categorización simple. Detrás de su papel esencial como miembro del complejo B, se esconde una molécula con una dualidad asombrosa: es un pilar insustituible del metabolismo energético a dosis nutricionales y, a la vez, se transforma en un potente agente farmacológico capaz de modular el metabolismo lipídico, la inflamación y los mecanismos más profundos del envejecimiento celular.
Este artículo explora la doble vida de la vitamina B3, desde su función como la moneda de cambio de la energía celular hasta su rol emergente como guardián de la estabilidad de nuestro genoma.
La maquinaria molecular: el nacimiento del universo NAD+
La importancia de la vitamina B3 radica en que es el precursor indispensable de dos de las coenzimas más cruciales de toda la biología: el dinucleótido de nicotinamida y adenina (NAD+) y su forma fosforilada, el fosfato de dinucleótido de nicotinamida y adenina (NADP+).

Estas dos moléculas son los transportadores universales de electrones en las reacciones de óxido-reducción (redox). Actúan como “taxis” moleculares, recogiendo electrones de las vías que degradan los alimentos y entregándolos donde se necesitan para generar energía o construir nuevas moléculas.
- NAD+ es el principal agente catabólico. Acepta electrones (convirtiéndose en NADH) en vías como la glucólisis, la beta-oxidación de los ácidos grasos y el ciclo de Krebs. Luego, el NADH cede esos electrones a la cadena de transporte mitocondrial para la producción masiva de ATP. Sin NAD+, la producción de energía celular se detiene.
- NADP+ es el principal agente anabólico. En su forma reducida (NADPH), dona electrones para reacciones de síntesis, como la creación de ácidos grasos y esteroides. Además, el NADPH es el combustible para el sistema del glutatión, nuestra principal defensa antioxidante endógena, protegiendo a las células del daño oxidativo.
El origen dual: dieta y la vía del triptófano
Una característica única de la niacina es que nuestro cuerpo puede sintetizarla a partir del aminoácido esencial triptófano. Esta ruta metabólica, sin embargo, es relativamente ineficiente: se necesitan unos 60 mg de triptófano para producir solo 1 mg de niacina. Por ello, la ingesta se mide en Equivalentes de Niacina (EN), donde 1 EN equivale a 1 mg de niacina o 60 mg de triptófano.
La eficiencia de esta conversión depende de otras vitaminas B, como la riboflavina (B2) y la piridoxina (B6), y del mineral hierro. Además, esta vía puede ser “secuestrada” por otras necesidades metabólicas. En estados de inflamación crónica o en ciertas patologías como el síndrome carcinoide, el triptófano se desvía masivamente para otros fines, lo que puede precipitar una deficiencia de niacina incluso con una ingesta proteica adecuada.
Las fuentes dietéticas ricas en niacina preformada incluyen las carnes, el pescado (especialmente el atún), las aves, las legumbres y los cereales integrales o enriquecidos.
La sombra de la carencia: la pelagra y las cuatro “D”

La historia de la niacina está ligada a la pelagra, una enfermedad devastadora que históricamente afectó a poblaciones cuya dieta se basaba casi exclusivamente en el maíz no nixtamalizado (un proceso que libera la niacina ligada).
La pelagra es el resultado de una depleción severa de NAD+ y NADP+, y sus síntomas se manifiestan en los tejidos con mayor recambio celular y demanda energética. El cuadro clínico clásico se conoce como las “Cuatro D”:
- Dermatitis: Una erupción cutánea simétrica, fotosensible y pigmentada, que aparece en las zonas expuestas al sol como el “collar de Casal”. La piel, incapaz de reparar el daño UV por falta de NAD+ para las enzimas de reparación, sufre un daño severo.
- Diarrea: La mucosa intestinal, que se renueva cada pocos días, no puede mantenerse, provocando una inflamación grave, malabsorción y diarrea crónica.
- Demencia: El cerebro, con su altísima demanda energética, sufre una crisis metabólica. Los síntomas neurológicos van desde la confusión, la apatía y la depresión hasta la psicosis y el coma.
- Defunción (Death): Sin tratamiento, la pelagra es mortal.
La niacina como fármaco: el controvertido agente lipídico
A dosis farmacológicas (1-3 gramos/día), muy superiores a las nutricionales, la niacina (ácido nicotínico) tiene efectos profundos sobre el perfil lipídico. Actúa a través de un receptor específico (GPR109A) en las células grasas, inhibiendo la liberación de ácidos grasos al torrente sanguíneo. Como resultado:
- Reduce los triglicéridos y el colesterol LDL.
- Es uno de los agentes más potentes conocidos para aumentar el colesterol HDL (“bueno”).
- Es una de las pocas terapias que reduce eficazmente la Lipoproteína(a) [Lp(a)], un factor de riesgo cardiovascular genético e independiente.
Sin embargo, a pesar de estos efectos favorables sobre los lípidos, grandes ensayos clínicos han cuestionado si añadir niacina al tratamiento con estatinas reduce realmente los eventos cardiovasculares. Su uso ha disminuido, pero sigue siendo una herramienta valiosa en ciertos pacientes de alto riesgo, especialmente aquellos con triglicéridos muy elevados o niveles altos de Lp(a). Su principal efecto secundario es un intenso enrojecimiento cutáneo o “flushing”.
Nuevas fronteras: guardián del genoma y modulador del envejecimiento
La investigación más vanguardista ha revelado que el NAD+ no es solo un transportador de electrones, sino también un sustrato consumido por enzimas que regulan la salud celular y el envejecimiento. El nivel de NAD+ en nuestros tejidos disminuye progresivamente con la edad, y esta depleción se considera un sello distintivo del envejecimiento.
Dos familias de enzimas clave dependen del consumo de NAD+:

- PARPs (Poli(ADP-ribosa) polimerasas): Son los “servicios de emergencia” de nuestro genoma. Cuando detectan una rotura en el ADN, se activan y consumen grandes cantidades de NAD+ para señalizar y coordinar la reparación. Un daño genómico crónico puede agotar las reservas de NAD+, comprometiendo tanto la reparación del ADN como la producción de energía.
- Sirtuinas: Son una familia de proteínas que actúan como sensores metabólicos y reguladores de la longevidad. Se activan en estados de restricción calórica y utilizan NAD+ para realizar sus funciones, que incluyen la mejora de la función mitocondrial, la reducción de la inflamación y la promoción de la reparación del ADN.
La depleción de NAD+ relacionada con la edad compromete la actividad de las PARPs y las sirtuinas, creando un círculo vicioso de daño acumulado y disfunción metabólica. Por esta razón, los precursores de NAD+, incluida la niacina y otras formas como la nicotinamida ribósido (NR), se están investigando intensamente como estrategias “anti-envejecimiento” para restaurar los niveles de NAD+ y mejorar la resiliencia celular.
Conclusión
La Vitamina B3 ejemplifica la evolución de la ciencia de la nutrición. Pasamos de entenderla como un simple preventivo de la pelagra a reconocerla como el precursor del universo NAD+, un ecosistema molecular que dicta la producción de energía, la reparación de nuestro código genético y la velocidad de nuestro envejecimiento.
Es crucial distinguir entre sus dos vidas: la dosis nutricional, obtenida de una dieta variada para mantener la homeostasis metabólica, y la dosis farmacológica, una intervención médica potente que requiere supervisión profesional. La comprensión de cómo optimizar nuestros niveles de NAD+ a lo largo de la vida es, sin duda, una de las fronteras más emocionantes de la medicina preventiva y la búsqueda de un envejecimiento saludable.
